Cañas


Nos dimos 2 besos en la mejilla y comenzamos la conversación como siempre. ¿Cómo estás? ¿Que haces últimamente? Preguntamos por la familia mientras intentábamos decidir donde comer algo en un centro de Madrid abarrotado a pesar de la consabida crisis.
Nos pusimos al día y conversamos de los mismos temas de siempre, como si el tiempo, esa vorágine de sucesos que nos atrapa continuamente y nos escupe en lugares insospechados, no nos hubiera separado hace tanto tiempo y los reencuentros no tuvieran el regusto agridulce de la Nostalgia.

Pero ahí estamos, como antes, como si no hubiera pasado un mes desde la época en la que nos veíamos todas las semanas. Y eso es bueno, porque hay gente que nos conoce más que nosotros mismos a pesar de lo que digas . Hay cosas que se pierden, seguro, pero nunca me abandonará con ciertas personas, la seguridad de que al volver, estarán dispuesto a tomar una cañita y hablar del último proyecto que han montado o del sexo de los ángeles.

Por cierto, desde aquí perdón a todos por tardar tanto en volver, ya me conoceis.

Musa esquiva


Hoy tengo ganas de escribir y no me sale. Empiezo una y otra vez sin que me guste lo que sale del teclado. Este mundo de las letras es feroz y sibilino. Te atrae, te atrapa y no te suelta, y cuando la musa es esquiva te machaca, te desespera. Te hace buscarla sin sentido, creando una necesidad que antes no tenías.

No es que no me guste, al contrario, disfruto con este ejercicio masoquista de escribir cosas que acaban no diciendo nada.  Espero que con el tiempo en mi pantalla aparezcan continuamente palabras mordaces que iluminen mi mente y la de los que me leen, pero mientras tanto me conformaré escribiendo palabras oscuras vacías de contenido sin desesperarme mientras busco mi propio El Dorado de las palabras.

A escribir también se aprende (espero).

Amor


Isaias y Rosalía ya pasaron los 80 años. Llevan más de 50 casados y anoche celebraron de buevo el nacimiento de Cristo en su casa, con su familia. Él está enfermo y no aguanta levantado hasta tarde, así que, ayudado por alguno de sus hijos, se va pronto a la cama y ella le acompaña para darle un beso, a pesar de sus articulaciones renqueantes y esos dolores a los que nadie consigue poner alivio. Luego vendrían los villancicos tuneados de los nietos y hoy vendrán los bisnietos a alegrar más una casa que es alegre a pesar de los muchos años que atesora. Pero yo me quedo con ese beso que me hace creer en el Amor con mayúsculas y en la Navidad.

De vuelta


Ya estamos de vuelta en la rutina, en una rutina especial, teñida de Navidad y frio en las calles.
Ayer terminamos la obra. Fue un final bonito, con tanta gente que algunos tuvieron que irse a casa, pero mereció la pena. Siempre merece la pena. Aunque sólo sea por compartir escenario con los monstruos con quién lo hago, o por que Henar venga con 38 de fiebre porque “le gustó tanto”, o por otras tantas razones que no se pueden enumera. Pero sobre todo por una razón egoista; y es lo mucho que disfruté encima del escenario.
Hoy ya no hay representación, ni ensayo, ni hemos quedado para montar decorados, pero hoy mi sonrisa es un poco más grande. Ayer salió bien y ya estoy pensando en la próxima obra.

P.S. Pido disculpas si lee esto alguien que se tuviera que volver. No esperabamos tal afluencia de público y nos faltó previsión. Intentaremos que no se repita.

Es posible, es posible…


Un año entero de trabajo, de sacrificio y entrega. Muchas horas sacadas de donde no las había; salientes de guardia, escapándonos de otros compromisos, dejando de lado estudios y placer… todo ello para algo que en 4 días se habrá terminado.  Hemos tenido casi todos los contratiempos que podíamos tener. Hemos pasado todas las crisis habidas y por haber, pero al final ha llegado nuestro momento, aquello por lo que hemos dejado tantas cosas atrás. Después vendrá el relax y la satisfacción, pero hasta entonces queda aguantar los nervios y la tensión.

Mañana conseguiremos ser uno encima del escenario y hacer pasar a un grupo de amigos un rato agradable;  pero los buenos momentos (y los malos compartidos, que tienen su importancia) serán nuestros. Mañana haremos soñar a la gente, pero lograremos ese punto de creación que todos buscamos en algún momento.

Es posible, es posible.

Lamento


Quisiera salir de mi, verme por fuera,/ buscando algún rescoldo de mis sueños.  /Saber si es verdad que ya he olvidado /las cosas que algún día fueron ciertas. / Si es cierto que he dejado de ocuparme,/ ocuparme,  preocuparme y hacer mío, /el dolor de los que ponen en mis manos/, manos sucias, indignas, malolientes,/ sus penas, su esperanza y su consuelo.

Puede que no sea así, que sea “bueno”./ Que cuide a mis pacientes y los cure. /Pero no puedo dejar de ver por dentro/ lo que otros hacen y yo nunca consigo,/ o no lo veo, ni siento, ni percibo./ Y que es el ser al fin, si no un sentido.

Ese cansancio que tanto nos gusta


Hoy estoy cansado, pero estoy cansado después de un trabajo bien hecho y cuyos frutos se preven abundantes y agradables y eso es lo que hace que me guste tanto.
La mañana podía recordar a tantas otras mañanas de guardia de domingo, a las 10 aparcaba el coche al lado de la Paz y me observaba el parque norte cubierto de escarcha en esas mañanas de invierno que tanto me gustan de Madrid, con un sol radiante que a duras penas consigue calentar el ambiente y una brisa fresca que despierta todos nuestros sentidos. Pero en vez de subir la cuesta de Arzobispo Morcillo, me he introducido en la facultad para preparar nuestra próxima obra. Hoy tocaba ensayo general, y a pesar de todos los contratiempos presentes y pasados, he disfrutado como un enano y me he ido a casa con la sensación de que la obra va a ser un éxito, sobre todo ante el público más exigente, que vamos a ser nosotros mismos; y sobre todo he acabado exhausto pero con la conciencia del trabajo bien hecho.
Mañana toca otro tipo de trabajo, y confió llegar a casa con la misma sensación, con ese cansancio que tanto nos gusta.

Todo tiene un principio


Uno que tenía una vida más o menos tranquila con sus muchas cosas y su esquema cerrado, descubre un día que la Palabra que hacía tiempo tenía olvidada entraba de nuevo en su mundo de la mano de 2 personas que no parecían tener tanta importancia en su vida. Y directa e indirectamente le llevan a intentar hacer algo que a alguien benevolente le parezca digno de ser leído.

Así que aquí me encuentro, ante mi primer “diario” en el que no tengo muy claro que quiero escribir, pero que quizás consiga que saque ese literato que no consiguió salir en el colegio, o simplemente un sitio donde desahogarme a gusta delante  de algunos ojos anónimos.