Ese cansancio que tanto nos gusta


Hoy estoy cansado, pero estoy cansado después de un trabajo bien hecho y cuyos frutos se preven abundantes y agradables y eso es lo que hace que me guste tanto.
La mañana podía recordar a tantas otras mañanas de guardia de domingo, a las 10 aparcaba el coche al lado de la Paz y me observaba el parque norte cubierto de escarcha en esas mañanas de invierno que tanto me gustan de Madrid, con un sol radiante que a duras penas consigue calentar el ambiente y una brisa fresca que despierta todos nuestros sentidos. Pero en vez de subir la cuesta de Arzobispo Morcillo, me he introducido en la facultad para preparar nuestra próxima obra. Hoy tocaba ensayo general, y a pesar de todos los contratiempos presentes y pasados, he disfrutado como un enano y me he ido a casa con la sensación de que la obra va a ser un éxito, sobre todo ante el público más exigente, que vamos a ser nosotros mismos; y sobre todo he acabado exhausto pero con la conciencia del trabajo bien hecho.
Mañana toca otro tipo de trabajo, y confió llegar a casa con la misma sensación, con ese cansancio que tanto nos gusta.

Todo tiene un principio


Uno que tenía una vida más o menos tranquila con sus muchas cosas y su esquema cerrado, descubre un día que la Palabra que hacía tiempo tenía olvidada entraba de nuevo en su mundo de la mano de 2 personas que no parecían tener tanta importancia en su vida. Y directa e indirectamente le llevan a intentar hacer algo que a alguien benevolente le parezca digno de ser leído.

Así que aquí me encuentro, ante mi primer “diario” en el que no tengo muy claro que quiero escribir, pero que quizás consiga que saque ese literato que no consiguió salir en el colegio, o simplemente un sitio donde desahogarme a gusta delante  de algunos ojos anónimos.