Brindis


Camino por mi ciudad recién duchada y sucia aún de Navidad mientras pienso en tí. Y escuchando la trompeta lastimera de Miles Davis, hecho de menos mi pipa mientras pienso en lo que has sido tú en mi vida. Recuerdo tu risa expansiva y tu boca, enorme, de la que salía tanta sabiduría, de esa que ya no se encuentra, de la que no vende ni sirve para nada que no sea el hecho mismo de saber, pero que hacía entender porque una chica se podía enamorar de un señor mayor. Te recuerdo en el sofá, deslabazado en una postura que imitamos tantas veces, hablando, leyendo o tomando alguna de tus delicatessen. Porque eso me quedo de ti, tus ganas de disfrutar y apreciar lo bueno de la vida.

Te conocí poco, mal y tarde, pero me queda un poso que espero que dure mucho y acabe dando fruto de algún modo. De hoy, me quedo con la frase de Pilar. Porque uno no está muerto mientras su recuerdo siga vivo.

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