El otro


Vuelvo a escribir, acompañado de esa furia que a veces me acopaña cuando leo a otros. Es envidia, envidia malsana que me atormenta y me hace sentir pequeño como las torres de la castellena hacen sentirse pequeña a mi adorada Paz. O tal vez no es sana la envidia, puesto que en el fondo no añoro tanto su capacidad de escribir como su capacidad de sentir. En ocasiones así me pregunto si este afán por escribir que me ha desbordado ultimamente no será un último intento para despertar mis sentidos y volver a ser aquel que nunca he sido, pero que siempre he deseado ser.

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Nieve


Es curioso como un fenómeno meteorológico puede cambiar tanto una ciudad. Y no me refiero tanto a su fisionomía, si no al corazón que late en su interior. Hoy a nevado en Madrid, e independientemente de las molestias que esto puede producir, he salido a pasear por el parque de Berlín, y en lugar de la gente atareada corriendo de un lado para otro, se veía a niños y mayores disfrutar de una de las mayores nevadas que recuerdo en mi ciudad. En césped se podían ver no menos de 6 muñecos de nieve y a gente desde los 2 a los 40 años, jugando con ellos o a ejecutivos trajeados haciendo guerra de bolas de nieve. Es bonito ver tu barrio desde otro punto de vista.
Yo mientras tanto, he disfrutado con mi paseo bajo la nevada, que me trae recuerdos de otros tiempos y otros lugares, quizás no mejores, pero más queridos por añorados.