Ancianos


Es curioso como, en el atardecer de la vida, algunas personas se vuelven como niños, pero independientemente de que lo hagan o no, tendemos a tratarlos como tales. Es habitual, en el hospital encontrarse al hijo de un paciente mayor (viejo es lo que no sirve, que dice mi abuela) que te dice utilizando los circunloquios más curiosos que si su padre tiene algo “malo” prefiere que no se lo digas. Siguiendo las normas deontológicas básicas le cuentas que el paciente es el que tiene derecho a la información y que si quiere saberlo tú se lo vas a decir. Lo más curioso del tema es que cuando eso ocurre y el paciente mayor te pregunta y le cuentas lo que tiene, y le dices que se va a morir, suele ser este mismo el que mejor lo asimila, y el familiar protector el que peor lo pasa y no consigue interiorizarlo. Creo que nuestra generación, e incluso la de nuestros padres ha conseguido alejar la muerte tanto de lo cotidiano, que intentamos evitarla incluso cuando sabemos que está próxima. Nuestros mayores, esos a los que tantas veces tratamos de proteger, están mucho más preparados que nosotros, no sólo por que la noten más cerca, si no porque ya han jugado con ella al ajedrez.

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Bobu


Hoy hace una perfecta mañana de domingo, con su solecito entibiando levemente las cervezas en las terrazas y dando la luz exacta para que las gafas de sol no desentonen mientras esconden la resaca de la fiebre del sábado noche. Yo he preferido malgastar la mañana en el sofa de mi casa terminando mi libro mientras escuchaba un disco de Jeff Beck con algún que otro rayón acordándome de la definición de Bohemio-burgués que hacía de mí mi gran amigo Feng. Me temo que soy más burgués que bohemio, pero me encanta imaginarme en un capitulo de rayuela mientras deseo que mi móvil no suene en todo el día.

Formas


Vuelan por mi mente palabras, gestos y pensamientos que no consigo atrapar. Como una nebulosa. Como siempre, intento coger imagenes sueltas, porque para mi las palabras toman formas visibles, así como los sonidos o los sabores, pero me es imposible atrapar nada. Las palabras huyen hacia otros lugares donde serán mejor acogidas, tratadas con más ternura o más gusto. Pero está bien así. En el fondo no me gusta lo concreto. Llegados a este punto en el que la finalidad (si es que tal cosa se sostiene) es la expresión, la mayor parte de las veces prefiero quedarme en la forma, en el vacío cubierto que muestra retales de nada. Y así termina mi estrofa, como una escultura hueca.

Martes de Carnaval


¿Qué luz es la que asoma por aquella ventana?

¡Es el Oriente! ¡Y Julieta es el sol!

 William Shakespeare “Romeo y Julieta” 

Tú no eres el sol, eres noche.

Una de esas noches de verano cálidas y lentas

Con una luna grande que da sombras largas y oníricas.

Eres como el Mardi Gras en Nueva Orleans 

sugerente, traviesa y esquiva

oliendo a sudor y a piel y a cabellos mojados.

Yo soy el sarcasmo que se esconde entre tus sombras

y vive de tí y contigo y para tí

con muchas palabras seguidas de poco fondo

y sonrisas torcidas y miradas falsas.

No te engaño porque sabes quien soy

me entiendes y me sonries

y miras para otro lado.

Que Romeo se quede con el sol

yo habitaré entre mis sombras

y esa luna que sonríe burlona entre las nubes.

Blanco y negro


Ayer me reprochaban la oscuridad de los pensamientos que vomito en este blog. No estoy triste y me va todo bien. De hecho, cuando veo lo que pasa a mi alrededor, no puedo más que dar gracias a Dios por todo lo que me rodea. Simplemente existe otro yo. Un yo intimista que vive en blanco y negro y gusta de llevar sombrero oscuro y meterse en los tugurios a escuchar a Charlie Parker. No tiene oficio ni beneficio y es capaz de vivir las experiencias que no me atrevo ni a pensar. Fuma cigarrillos sin filtro y siempre deja a la chica más guapa del lugar porque no es suficientemente bueno para ella, aunque en el fondo lo que pasa es que es un crápula. 

Hoy es la Nostalgia de ese otro yo la que me invade, pero hay muchos otros que están a la espera de su turno. Supongo que ellos también envidian lo que yo tengo, pero mientras tanto, no puedo evitar añorar uan vida en blanco y negro que nunca tendré.

carreteras secundarias


Te busco en mis noches insomnes

garabateando prolemas y metáforas

escribiendo un mundo lleno de adjetivos,

de nombres y gritos de rabia,

frases cortas que aturden los sentidos

con problemas (con b) que nunca fueron míos

que no entiendo ni me incumben,

pero me empujan a los lugares donde nunca me han llevado.

Y quiero estar pero no llego

porque mi corazón no es tan grande 

y no sabe sentir lo que tu sientes

aunque lo envidie y lo busque

sabiendo que al lugar de donde vienes

no se puede llegar por la autopista

si no por carreteras secundarias.

6 minutos


Sé que mis compañeros de primaria están peor, pero no deja de sorprender, que en esta magnífica sanidad que parece que tenemos, un paciente llega al especialista, después de meses esperando esa cita y con nuestra mejor sonrisa le despachamos en ese tiempo y sin apenas tocarle la tripa. Eso sí, le ponemos alguna medicina para que no se queje, le pedimos una prueba para hacer tiempo y pasamos lista en busca de completar números. 

No me voy a poner a arreglar el mundo (aún no) pero lo peor de todo esto es que nos atrapa y nos hace olvidarnos de porque estudiamos esto en un principio. Nos escudamos en el tiempo y no nos damos cuenta que cada vez nos cuesta más pensar en el paciente y lo que necesita y acabamos haciendo lo que es fácil o pensando que hacer por si me denuncian, contagiándonos de esa desconfianza que mata la relación médico-paciente, ese vínculo sagrado que cada vez nos cuesta menos romper. Espero no contagiarme del todo y que estos arrebatos místicos que me vienen de vez en cuando me sirvan para luchar contra lo que me impide atender bien a las personas que desnudan su alma ante mi mostrandome  sus problemas, en vez de contra ellos.

Sueños


Es curioso como a veces los sueños nos parecen absolutamente reales, y hasta que no hacemos un intento importante por racionalizarnos, nos cuesta darnos cuenta si realmente eso forma parte de nuestro pasado o no. Yo no acostumbro a soñar, o por lo menos a recordar los sueños, pero los sueños que recuerdo tienen tendencia a repetirse, lo que les da una patina de realidad que en ocasiones me hace dudar hasta bien entrada la mañana de cuando he vivido yo esas experiencias.  Lo curioso es que esos sueños ni siquiera son buenos ni agradables, quizás sólo sean diferentes, y al fin y al cabo ¿qué deseamos más que la vida de otro? aunque ese otro seamos nosotros mismos…