Huidas


La vió y se fue corriendo, pensando en musas y el tinte bermellón de sus mejillas.

Decidió no volver la mirada y descubrió su sorpresa con los ojos de la imaginación. 

Sus iris púrpuras se encogían y su mirada bajaba azorada hacia el pavimento sucio y mojado. 

Le intentó llamar pero la voz no salía de su garganta y se volvió hacia el parque.

Pero eso era en su imaginación… y él volvió a casa cabizbajo.

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