El otro


Vuelvo a escribir, acompañado de esa furia que a veces me acopaña cuando leo a otros. Es envidia, envidia malsana que me atormenta y me hace sentir pequeño como las torres de la castellena hacen sentirse pequeña a mi adorada Paz. O tal vez no es sana la envidia, puesto que en el fondo no añoro tanto su capacidad de escribir como su capacidad de sentir. En ocasiones así me pregunto si este afán por escribir que me ha desbordado ultimamente no será un último intento para despertar mis sentidos y volver a ser aquel que nunca he sido, pero que siempre he deseado ser.