Marcas


Y entonces se desbordó como una presa que se rompe. Sólo necesitaba algo que apretara el gatillo y le permitiera dejar atrás las horas de espera y llanto contenido. Abrió el grifo y las palabras y los sollozos peleaban por salir de su garganta anegada en lágrimas. Él la miraba mientras tanto con una sonrisa dulce, asintiendo de vez en cuando, comprendiendo lo que decía sin entender las palabras.

Después, vacía ya del todo, se durmió y al despertar, un rayo de sol secó una lágrima en su mejilla, dejando una marca que ya nunca desapareció. Pero estaba bien así. Ya podía comer, reir y escribir sabiendo que nunca le olvidaría. Tenía esa marca para recordarselo.

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