Comodín de la llamada


Otra vez vuelvo a la  madrugada. A la madrugada tramposa y pecadora del que sabe que debería estar haciendo otra cosa. Y no lo digo por estas breves palabras que improviso en el corcho de mis pensamientos. Lo digo por las otras obligaciones que no quiero identificar y que me acechan con la luz del sol, al otro lado del despertador. Quizás no me voy a la cama para no pensar en aquel que he dejado pendiendo del hilo del extremismo de los que le quieren, por no pensar que tal vez dependa de un comodín de la llamada que tarde más tiempo del asignado.

Yo mientras tanto sigo escribiendo, como si no pasara nada y la vida consistiera en películas e internet. Aunque al fin y al cabo, quizás sea eso lo que conforme una vida.

Decisiones


Cuando miras la vida de determinadas personas, no puedes dejar de preguntarte que es lo que habría sido de tu vida si hubieras decidido tomar otro camino. Parece que en cualquier momento en el que miras a tu alrededor contemplas otras vidas que mantienen un romanticismo del que carece la senda que en un momento dado decidiste tomar. A estas alturas hay pocas cosas de las que me arrepienta haber hecho y algunas que me habría gustado probar antes de que la edad me jubilara siquiera de intentarlas. Pero al fin y a la postre, creo que soy esencialmente feliz con la vida que he tenido la suerte de protagonizar y me doy cuenta que detrás de los focos existe otra vida que no proporciona tantas alegrías como mi vida, por muy perra que pueda ser a veces.

Blanco y negro


Ayer me reprochaban la oscuridad de los pensamientos que vomito en este blog. No estoy triste y me va todo bien. De hecho, cuando veo lo que pasa a mi alrededor, no puedo más que dar gracias a Dios por todo lo que me rodea. Simplemente existe otro yo. Un yo intimista que vive en blanco y negro y gusta de llevar sombrero oscuro y meterse en los tugurios a escuchar a Charlie Parker. No tiene oficio ni beneficio y es capaz de vivir las experiencias que no me atrevo ni a pensar. Fuma cigarrillos sin filtro y siempre deja a la chica más guapa del lugar porque no es suficientemente bueno para ella, aunque en el fondo lo que pasa es que es un crápula. 

Hoy es la Nostalgia de ese otro yo la que me invade, pero hay muchos otros que están a la espera de su turno. Supongo que ellos también envidian lo que yo tengo, pero mientras tanto, no puedo evitar añorar uan vida en blanco y negro que nunca tendré.

Sueños


Es curioso como a veces los sueños nos parecen absolutamente reales, y hasta que no hacemos un intento importante por racionalizarnos, nos cuesta darnos cuenta si realmente eso forma parte de nuestro pasado o no. Yo no acostumbro a soñar, o por lo menos a recordar los sueños, pero los sueños que recuerdo tienen tendencia a repetirse, lo que les da una patina de realidad que en ocasiones me hace dudar hasta bien entrada la mañana de cuando he vivido yo esas experiencias.  Lo curioso es que esos sueños ni siquiera son buenos ni agradables, quizás sólo sean diferentes, y al fin y al cabo ¿qué deseamos más que la vida de otro? aunque ese otro seamos nosotros mismos…

El otro


Vuelvo a escribir, acompañado de esa furia que a veces me acopaña cuando leo a otros. Es envidia, envidia malsana que me atormenta y me hace sentir pequeño como las torres de la castellena hacen sentirse pequeña a mi adorada Paz. O tal vez no es sana la envidia, puesto que en el fondo no añoro tanto su capacidad de escribir como su capacidad de sentir. En ocasiones así me pregunto si este afán por escribir que me ha desbordado ultimamente no será un último intento para despertar mis sentidos y volver a ser aquel que nunca he sido, pero que siempre he deseado ser.