Blanco y negro


Ayer me reprochaban la oscuridad de los pensamientos que vomito en este blog. No estoy triste y me va todo bien. De hecho, cuando veo lo que pasa a mi alrededor, no puedo más que dar gracias a Dios por todo lo que me rodea. Simplemente existe otro yo. Un yo intimista que vive en blanco y negro y gusta de llevar sombrero oscuro y meterse en los tugurios a escuchar a Charlie Parker. No tiene oficio ni beneficio y es capaz de vivir las experiencias que no me atrevo ni a pensar. Fuma cigarrillos sin filtro y siempre deja a la chica más guapa del lugar porque no es suficientemente bueno para ella, aunque en el fondo lo que pasa es que es un crápula. 

Hoy es la Nostalgia de ese otro yo la que me invade, pero hay muchos otros que están a la espera de su turno. Supongo que ellos también envidian lo que yo tengo, pero mientras tanto, no puedo evitar añorar uan vida en blanco y negro que nunca tendré.

Recuerdos


Navego entre las fotos y me sumergo en los recuerdos. En recuerdos de momentos que no he vivido y lugares que nunca visité. Las caras, tan cercanas en el recuerdo y en el corazón, están sin embargo, lejanas en la agenda y en el día a día.

A veces pienso que cuido tan poco a mis amigos para poder paladear el sabor agridulce de la nostlagia. Ese blues que me invade cuando pienso en lo que podría estar siendo esa relación si no fuera yo quien soy; pero entonces tampoco existiría…

 y entro en un bucle de condicionantes que me atrapa sin fin en la trompeta de Miles Davis.

Brindis


Camino por mi ciudad recién duchada y sucia aún de Navidad mientras pienso en tí. Y escuchando la trompeta lastimera de Miles Davis, hecho de menos mi pipa mientras pienso en lo que has sido tú en mi vida. Recuerdo tu risa expansiva y tu boca, enorme, de la que salía tanta sabiduría, de esa que ya no se encuentra, de la que no vende ni sirve para nada que no sea el hecho mismo de saber, pero que hacía entender porque una chica se podía enamorar de un señor mayor. Te recuerdo en el sofá, deslabazado en una postura que imitamos tantas veces, hablando, leyendo o tomando alguna de tus delicatessen. Porque eso me quedo de ti, tus ganas de disfrutar y apreciar lo bueno de la vida.

Te conocí poco, mal y tarde, pero me queda un poso que espero que dure mucho y acabe dando fruto de algún modo. De hoy, me quedo con la frase de Pilar. Porque uno no está muerto mientras su recuerdo siga vivo.