Comodín de la llamada


Otra vez vuelvo a la  madrugada. A la madrugada tramposa y pecadora del que sabe que debería estar haciendo otra cosa. Y no lo digo por estas breves palabras que improviso en el corcho de mis pensamientos. Lo digo por las otras obligaciones que no quiero identificar y que me acechan con la luz del sol, al otro lado del despertador. Quizás no me voy a la cama para no pensar en aquel que he dejado pendiendo del hilo del extremismo de los que le quieren, por no pensar que tal vez dependa de un comodín de la llamada que tarde más tiempo del asignado.

Yo mientras tanto sigo escribiendo, como si no pasara nada y la vida consistiera en películas e internet. Aunque al fin y al cabo, quizás sea eso lo que conforme una vida.