Mi servicio


Hoy me han dado en papel la memoria clínica de mi servicio del año 2009, el primero en el que entré a formar parte del mismo. Viniendo de un hospital grande o de servicios más potentes, la verdad es que probablemente no llame demasiado la atención, pero a mi me parece importante porque no es obligatorio y a pesar de ello se hizo y porque somos el primer servicio que lo presentaba.

En él no aparecen grandes logros, más bien pequeños crecimientos de un servicio pequeño que procura crecer poco a poco estando cada vez más cerca de nuestros pacientes. No es un servicio perfecto, ninguno lo es, pero poco a poco vamos intentando hacer más cosas y hacerlas mejor. Procuramos estandarizar lo que hacemos utilizando la evidencia clínica, e incluso estamos empezando a intentar crear nueva evidencia con pequeños estudios o colaborando con otros hospitales. Todo esto impulsado por los más jóvenes y apoyado por los más veteranos, con el jefe a la cabeza.

Estar todos los días en el turno de tarde machaca mi vida social y la de pareja, y aunque reconozco que es por mor de la eficacia y es muy útil a nivel general para aprovechar los espacios. No tener hospitalización nos impide desarrollar completamente nuestra labor como gastroenterólogos por no poder hacer todo el seguimiento a nuestros pacientes. Pero a pesar de todos los fallos que tenga (alguno más hay) me siento orgulloso de pertenecer a este servicio y quería dedicarle un pequeño homenaje.

Espero poder contaros pronto que esto va mejorando poco a poco, que es la mejor forma de mejorar

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Imposición de manos o curar con la palabra


Cuando lo comentamos con los compañeros, muchas veces ponemos como algo malo (y lo es) que algunos pacientes o, más a menudo, familiares, vienen a la consulta para que impongamos las manos y curemos el problema que tienen desde hace años y por el que ellos no hacen nada, con nuestra presencia o la pastilla milagrosa. Evidentemente eso no es posible, pero hoy en día donde acabamos tratando síntomas más que enfermedades con síndromes funcionales crónicos, muchas veces una explicación a tiempo y una sonrisa pueden hacer mucho más que el más potente de los IBPs. Nos falta tiempo en la consulta y tranquilidad y paciencia en general para explicar que cambiando un poco los hábitos de vida conseguiremos más que con muchas medicinas.

Salud 2.0


Después de compartir la tarde con la gente que ya usa el 2.0 para intentar tratar mejor a sus pacientes, entran ganas de retomar por enésima vez y enfocarnos un poco mejor.
Dentro de un tiempo veremos si me ayuda a ser mejor médico, pero por ahora me da más ganas de seguir intentando mejorar que no es poco.
La web debe ser instrumento y nosotros también para poder sanar o aliviar, que para eso estamos.

La vida que se complica


Quizás me falta haber estado en el otro lado, pero de la misma manera, me gustaría que la gente supiera como se siente un médico cuando un paciente sufre una complicación. Evidentemente es una visión personal y no se puede generalizar, pero ante algunos casos que me han tocado recientemente decidí darle alguna vuelta más al tema.

Cuando haces cualquier acto médico el riesgo de que algo vaya mal existe. Cuando esto ocurre, todos los médicos a los que he conocido lo pasan realmente mal. Muchas veces intentas solucionarlo tú mismo si puedes y si no buscas a quien pueda hacerlo, preocupándote de que se haga lo antes posible. Normalmente repasas mentalmente todos los pasos buscando donde has podido hacer algo mal, o simplemente tomado la decisióm, que aún siendo correcta, condicionó la complicación. No es buen trago, porque aunque lo hayas hecho todo bien, los problemas ocurren y tú buscas el posible fallo aunque sepas que hiciste todo bien. A veces te quita el sueño e incluso las ganas de continuar con una profesión que a día de hoy nos concede demasiado pocas alegrías.

Por eso, cuando una denuncia se cruza en tu camino, echas más de menos el que a su lado no aparezcan las cartas de los que has ayudado, por los que te has quedado fuera de tu horario, los que han ocupado las horas reservadas al sueño tanto en el trabajo como en casa… y que muchas veces son los mismo que te han denunciado.

La negligencia existe, también los errores, que no tienen porque ser negligencias, pero muchas veces nos toca la lotería de la complicación sin que nadie tenga la culpa.

Plaza fija


Terminé. Ya soy opositor. Después de un maratón de sinsentidos y burocracia he presentado mis credenciales para algo en lo que no creo. No creo que todo dependa del “yo tengo plaza fija”. No creo en un mundo que basa sus decisiones de una vida en un cúmulo de méritos que nadie sabe en que consiste. Creo en el trabajo del día a día. De la sonrisa y el apretón de manos del que abandona la consulta o el agradecimiento que recibes por dar una mala noticia. Pero al final para llegar allí hay que pasar por los baremos y los papeles, y los que no quisimosdepender de ellos dependemos y perderemos otra vez más tiempo y dinero, para quizás algún día quemarnos del todo y poder decir “total, yo ya tengo plaza”