All my friends


“I’m trying to find me a better way to get from the things I do to the things I should”

All my friends; Counting Crows

A veces es difícil decidir hacer las cosas que se debe hacer y dejar de hacer el resto de cosas que realmente no nos llevan a ningún lado pero que nos hacen permanecer en esa especie de útero que nos construimos para separarnos de la realidad y alejarnos del mundo de los adultos, con todo lo que eso significa, sea lo que sea.

Es curioso que incluso en estas circunstancias me acojo al plural mayestático, intentando buscar el apoyo aunque sea momentaneo de cualquiera que lea esto. Incluso en estos momentos busco la complicidad de alguien que me dé la razón aunque esté seguro de lo que tengo que hacer y de lo que creo, independientemente de su veracidad.

Tomo la cita esa canción, porque en ocasiones me siento un poco como se define, dejado atrás por la propia marea de la vida, creyendo permanecer fiel a un estilo de vida, mientras la vida fluye por mi lado.

Comodín de la llamada


Otra vez vuelvo a la  madrugada. A la madrugada tramposa y pecadora del que sabe que debería estar haciendo otra cosa. Y no lo digo por estas breves palabras que improviso en el corcho de mis pensamientos. Lo digo por las otras obligaciones que no quiero identificar y que me acechan con la luz del sol, al otro lado del despertador. Quizás no me voy a la cama para no pensar en aquel que he dejado pendiendo del hilo del extremismo de los que le quieren, por no pensar que tal vez dependa de un comodín de la llamada que tarde más tiempo del asignado.

Yo mientras tanto sigo escribiendo, como si no pasara nada y la vida consistiera en películas e internet. Aunque al fin y al cabo, quizás sea eso lo que conforme una vida.

Brindis


Camino por mi ciudad recién duchada y sucia aún de Navidad mientras pienso en tí. Y escuchando la trompeta lastimera de Miles Davis, hecho de menos mi pipa mientras pienso en lo que has sido tú en mi vida. Recuerdo tu risa expansiva y tu boca, enorme, de la que salía tanta sabiduría, de esa que ya no se encuentra, de la que no vende ni sirve para nada que no sea el hecho mismo de saber, pero que hacía entender porque una chica se podía enamorar de un señor mayor. Te recuerdo en el sofá, deslabazado en una postura que imitamos tantas veces, hablando, leyendo o tomando alguna de tus delicatessen. Porque eso me quedo de ti, tus ganas de disfrutar y apreciar lo bueno de la vida.

Te conocí poco, mal y tarde, pero me queda un poso que espero que dure mucho y acabe dando fruto de algún modo. De hoy, me quedo con la frase de Pilar. Porque uno no está muerto mientras su recuerdo siga vivo.